Restaurantes que he vivido
La Posada de la Fruta
Conviene reencontrarse de vez en cuando con los sabores de siempre, con el gusto de nuestra infancia, con la cocina de las abuelas. Y para ello seguramente una de las gastronomías más adecuadas sea, en cualquiera de sus versiones, la de Castilla y León. El lechazo, el cochinillo, el chuletón, la sopa castellana o los judiones son platos de toda la vida que, además y por lo general, concitan el consenso. De alguna manera, se puede decir que forman parte de nuestro ADN.
Pues bien, el otro día me adentré de nuevo en una de las cocinas más representativas de esta Comunidad Autónoma, la abulense, patria del famoso chuletón. Para ello visité uno de los restaurantes más afamados de la ciudad de las Murallas, la Posada de la Fruta. Allí sirven un chuletón de un kilo de carne. De los campos de Las Navas del Marqués a la mesa. Un plato para quitarse el sombrero, desde luego.
La Posada de la Fruta debe su nombre al antiguo mercado de las frutas que allí se celebraba y ocupa un edificio histórico del centro de la ciudad. Acaba de sufrir un considerable lavado de cara y hoy, bajo la dirección de Laura del Nogal, es un local mucho más moderno. El servicio es atento y amable, incluso, según se puede leer en algunas críticas escritas por usuarios en la red, se trata de un lugar perfecto para acudir con niños. Puedo dar fe de que es así.
Lo más noticiable, en cualquier caso, es su cocina, basada en una materia prima notable y con una puesta en escena que da realce a todos sus platos. La Posada de la Fruta tiene una carta ecléctica, que da cabida a los platos más tradicionales, pero que se ha abierto en los últimos tiempos a propuestas más exóticas, encabezadas por diferentes tipos de carne como canguro, antílope, kobe, wagyu, hamburguesas de angus negro de Nebraska, lomos de gacela, etc. Y la novedad más reciente del huevo de avestruz, para 6 u 8 personas, con lascas de jamón ibérico y patatas panadera. Una llamada a clientes más atrevidos y también una forma de atraer al público local que busca nuevas apuestas gastronómicas.
Entre lo que probamos el otro día, muy buen jamón ibérico y queso. También la sopa castellana y el revuelto de trigueros con gambas. El revuelto de boletus quedará para otra ocasión, porque también resultaba una oferta muy tentadora. Chuletitas de lechal, cochifrito, cochinillo asado, chuletón de Ávila y solomillo de ternera forman parte del apartado carnívoro de la carta, que hace algunos guiños interesantes a los amantes del pescado.
La carta de postres también tiene ciertas pretensiones: amplia, con recetas tradicionales y abierta a incorporar novedades, como la panna cotta con frutos rojos, muy bien ejecutada. No desmerece tampoco la carta de vinos con representación de las diferentes denominaciones de origen. El vino de la casa, Bendita Locura, es una buena elección. Un tinto con cuerpo y sabor.
Julio 2011
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